Friday, March 07, 2008

YO, FRANCO. Pop (Remix)


Crecimos durante la década del ochenta y aún estamos vivos. Fueron años optimistas, edulcorados, de opulencia y algodón de azúcar. Días en que el pop marca ABBA mutó en el de Duran Duran, el de Duran Duran rompió la crisálida y la mariposa Madonna emprendió el vuelo, surcó un azul sospechoso y eterno, de fatua inocencia diseminada como el polen: sonaba Forever Young, Eternal Flame, Electric Youth, sonaban los Dorian Gray travestidos en las avenidas de toda urbe, de Chicago hacia el sur, en torpe vuelo hacia la nada. Nosotros fuimos inocentes, pueriles, graciosos.

Nada de guerra, nada de escombros y bombas. Nada de fantasmas asesinos, nada de herrumbre, moho y humedad de la Europa de posguerra. No cadáveres humanistas ni floridas revoluciones por minuto. No hicieron falta: resultamos demasiado blandos para quemar nuestros corazones, demasiado amigos de la vida fácil y los chistes fugaces, del conformismo de un dólar y la veleidad de la coca. No hermosos, no malditos. Muñecos de plastilina.

En el jardín de un castillo kitsch el malo a la vista gime una canción. Ha montado a la diva, una supermodel. Naturalmente. A la vuelta de la esquina morirá en su ley sepultado entre cal y hielo; en otro vestidor la modelo morderá nuevos glandes. Los dos se congelarán, fugaces e inocuos como un cromo de la memoria. Michael Hutchence se llamarán, Helena Cristensen, New Sensation se llamarán, la memoria es fiel. El espíritu de la canción ha sido conformista y simple, efervescente, repetitivo y memorioso, pero el tiempo se agotará y vendrá a nosotros una Britney Spears para confirmar las virtudes del pop y un Robbie Williams gorjeará para negarlo. Spears interpretará el papel de la campechana inmolada en la pira del espíritu del pop —Hit me baby one more time— y Williams el del afeminado entristecido por su causa. Por el bien de todos, Britney Spears garantizará el negocio, Williams la desazón, el ennui. El ennui del pop.

Pero acaso hayan sido el cartel y la canción de un comercial —la TV de Coca o Pepsi, Freeway, algo así—, quienes espolvorearon las chispas caídas del cielo, quienes permanecieron en las almas. El pop inocuo como un vestido de celofán, hipócrita cual timbre de nuestra voz, timorato como el estómago y empalagoso como las pupilas de los chicos buenos y santos, hijos de mamá, mariquitas, aniñados, el pop somos nosotros.

Almibarada mi pupila, echaré a andar el coche. Trepa niñito, diré, yo te llevo. Trepa: te parieron en una época cuyo recuerdo es el recuerdo de un tonto. Trepa que a la vuelta asestaré el porrazo, tus sesos olvidarán la canción de medias flapper y falda a cuadros, y no habrá más juventud eléctrica. Trepa, este es el fin, mi fin.

Rubia suicida. —

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